Papa M – Whatever, mortal (2001, Drag City)

La trayectoria de David Pajo (1968, Texas) puede leerse como un mapa del rock independiente americano de las últimas décadas. Fundador de Slint, integrante de Tortoise, músico a sueldo para gente como Palace Brothers, King Kong, Stereolab, Royal Trux, The For Carnation, Zwan, Yeah Yeah Yeahs o Interpol; y dueño de una carrera solista con la que ha confeccionado un sonido hipnótico, delicado y envolvente con una economía de medios que hace aún más sorprendente el resultado final. Tras un tímido inicio en 1995 con un par de singles bajo el alias de M Is The Thirteenth Letter, dos años más tarde llegaron un sorprendente mini LP homónimo, un volumen de remezclas y unos cuantos singles más como Aerial M, antes de mutar nuevamente su apelativo a Papa M, con el que empezó paulatinamente a integrar sonoridades no exploradas en sus grabaciones previas.

Tras el imprescindible Live From A Shark Cage (1999, Drag City) y el acercamiento a las raíces en el EP Papa M Sings (2001, Sea Note), donde, como indica el título, su autor empezó a cantar, llegó esta placa que continuó y perfeccionó los hallazgos anteriores al mismo tiempo que incorporó nuevas esencias al sonido del multiinstrumentista, consolidando el estilo que desarrollaría desde aquí en adelante.

Con la ayuda de amigos como Will Oldham (Palace Brothers, Bonnie “Prince” Billy), Tara Jane O’Neil y el también ex Slint, Britt Walford, Pajo se instaló en los estudios Velvetone Music de Louisville para armar un rico un tapiz sonoro en el que se integran matices de country y folk a su sonido característico, intimo y sosegado. En esta obra caben tanto canciones de instrumentación más austera como la inicial “Over Jordan” con sus versos sobre el retorno al hogar, o la breve “Sorrow Reigns” y su relato de un frustrado encuentro sexual narrado con ese particular sentido del humor compartido con su compadre Oldham (“There was something like a wall between us / That stopped your going down on my penis”), así como composiciones que integran más elementos como la intensa “Beloved Woman”, la melancolía invernal de “Roses In The Snow” o las espectrales “The Lass Of Roch Rpyal” y “Sabotage”, impulsada ésta última hacia la estratósfera por una coda final con percusión y sitar, sin duda uno de los puntos altos del disco, que logra un equilibrio constante entre luz y oscuridad, sin caer en pomposidades innecesarias.

En Whatever, mortal los Instrumentales se cuentan con los dedos de una mano, pero no por ello son menos interesantes: El evocativo “Krusty”, construido sobre el fondo sonoro de un episodio de “The Simpsons” (“I Love Lisa”, para más señas), comienza con un delicado motivo de guitarra que crece sobre sí mismo hasta que la irrupción de batería y guitarra eléctrica la encumbra por unos instantes, para luego volver suavemente al punto de partida. El cierre, más intenso aún si cabe, llega con “Northwest Passage”, reconstrucción en clave folk de “Arundel” -tema que aparecía por partida doble en Live From A Shark Cage– con guitarra, armónica, piano y batería, confirmando de paso que nuestro amigo David no ha perdido el toque para conmover sin pronunciar palabras.

Disponible en su prensaje original en doble vinilo de 2001, Whatever, mortal bebe tanto de monstruos sagrados como Leonard Cohen o Van Morrison como del folk de los Apalaches, integrados sin esfuerzo en el particular imaginario sonoro de David Pajo. Encuentra esta placa en la de la música bonita.

Pablo Renato